La claraboya


Atravesaron la claraboya de mi esencia

Desangrando la luz donde habitaba

La espalda en el suelo

Las manos abiertas

 

Y se quebró la música

Transformándose en silencio aquellas noches

Amarillos brillantes

Precipitados sobre el negro

 

¡Cómo dolía, entonces, la primavera!

Las flores marchitas

La espalda en el suelo

Y mis manos, inertes, aun abiertas

 

Pero me levanté aquella mañana

Cuando el camino amamantaba una sonrisa

Y eché a andar

En línea recta

Abandonándolo todo

A la tenue luz de aquella vieja lucerna


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2 comentarios en “La claraboya

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